Trajes a medida del inversor

El País

 17 FEB 2013 – 00:00 CET

¿Quién no querría, como inversor, sentirse especial? ¿A quién no le gustaría creer que los productos financieros en los que colocará su dinero son los que mejor se ajustarán a sus conocimientos, su situación económica, su experiencia y sus objetivos de inversión? En un mundo financiero tan complicado y tan global como el actual, con una oferta de productos casi infinita, ¿quién no optaría por una adecuada selección de entre toda la oferta de fondos de inversión, acciones, depósitos, títulos de renta fija, derivados…?

Pocos rechazarían, al menos a priori, una oferta personalizada de inversión. Y, sin embargo, son pocos los que efectivamente lo hacen. Por desconocimiento, tradición y por creer en demasiadas ocasiones que el asesoramiento independiente está reservado a las grandes fortunas.

Según el Anuario sobre el asesoramiento financiero e inversión en España, elaborado por el Instituto de Estudios Bursátiles junto con Inversis Banco y Fidelity, el grado de familiaridad de los españoles con el asesoramiento financiero independiente “no llega al 10%”, dado que, en su gran mayoría, esa labor ya se la están atribuyendo a la entidad financiera con la que trabaja. Otro motivo para no usar este servicio es la “tradición”: la realidad es que más del 90% del asesoramiento financiero que se presta en España se hace en el ámbito de las entidades de crédito. Este porcentaje contrasta con el que existe en Reino Unido, donde los asesores acaparan el 80% de este mercado, o en Suiza, donde la cuota también supera el 50%. Y por “dinero”: entre las más de 105 empresas de asesoramiento financiero independiente (EAFI) registradas en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) se pueden encontrar unas que exigen capitales mínimos de 100.000 euros, y otras, de 300.000 euros o más; pero para una gran mayoría de ellas, “estas son cantidades negociables”.

Desde diciembre de 2008, la CNMV regula las EAFI, empresas de servicios de inversión que deben estar registradas y sujetas a su supervisión. Su trabajo consiste en emitir una recomendación personalizada e idónea a cada cliente —comprar, vender, mantener, canjear, suscribir, reembolsar…— con respecto a una o más operaciones relativas a instrumentos financieros concretos. Deben aconsejar sobre cualquier activo sea de la entidad que sea. En palabras sencillas, según reconocen algunos de ellos, “no deben casarse con nadie”, ni dejarse llevar por las modas, y deben buscar siempre el interés del cliente, no el suyo propio. “Al fin y al cabo, esa es la base de su negocio: cuanto más prestigio tengan por hacerlo mejor y más adecuadamente, más patrimonio asesorarán”.

Evidentemente, para llegar a dar esas recomendaciones personalizadas es necesario que el asesor conozca, a través de un test de idoneidad, el perfil de su cliente. Para garantizarse que recibirá las mejores propuestas, este debe desnudarse financieramente en lo que respecta a sus ingresos y gastos, sus prioridades económicas de futuro, su capacidad de asumir riesgos, sus impuestos… Puede y debe exigir que el asesor le explique claramente, con un lenguaje financiero comprensible y poco complicado, qué activos conforman sus propuestas. Y si alguna vez acepta alguna —solo el cliente tiene la potestad de firmar órdenes de compra o de venta de activos—, tiene derecho a pedir toda la información precisa y hacer el seguimiento pertinente de la misma.

Hay quien dice que “un consejo vale lo que se paga por él”. En el caso de las EAFI, esta afirmación tiene bastante de cierta. Todas las empresas de asesoramiento cobran por sus servicios, de forma mensual, trimestral o anual (todo ello al margen de las propias comisiones que tengan los productos elegidos por el cliente). ¿Cuánto? La realidad es que varía bastante. Aunque en la página de la CNMV donde están registradas estas entidades se pueden consultar individualmente las tarifas de cada una de ellas, el resumen es el siguiente: las EAFI cobran sobre el valor efectivo medio de la cartera asesorada entre un 0,6% y hasta un 2% (en algunos casos se aplican mínimos de entre 400 euros y hasta 6.000 euros anuales); de forma simultánea o en sustitución, giran comisiones sobre la revalorización de la cartera asesorada de entre un 9% y hasta un 30%. Pueden también —no es la opción mayoritaria— aplicar gastos por cada hora dedicada a la prestación de servicios, que se valoran entre 100 y 600 euros. Si el asesor —la ley lo permite— percibiera algún tipo de incentivo o comisión por parte del distribuidor del producto financiero (la entidad que ofrece el depósito, la gestora del fondo de inversión…), debe comunicárselo al cliente.

Cierto es que el perfil de las EAFI es cuanto menos sugerente para el inversor. Como en todo, sin embargo, hay que ser prevenido y no olvidar que demasiado a menudo la CNMV advierte de nuevos chiringuitos financieros. Solo tienen la consideración de empresas de asesoramiento legales las autorizadas e inscritas en el registro de la CNMV. Jamás las EAFI pueden pedir al cliente que deposite a su nombre fondos o valores y es importante saber, precisamente porque no pueden tener esos fondos o valores a su nombre, que la actividad de las EAFI no queda cubierta por el Fondo de Garantía de Inversiones.

Futuro trabado e incierto

En su último boletín sobre Los mercados de valores y sus agentes: situación y perspectivas, la CNMV señala que, pese a que las empresas de asesoramiento financiero (EAFI) siguieron creciendo en número a lo largo del primer semestre de 2012, la evolución de sus principales magnitudes no fue tan dinámica como a priori cabría esperar. Si bien su número de contratos de asesoramiento creció un 3,6%; su volumen del patrimonio asesorado se redujo un 11%; sus ingresos por comisiones bajaron un 1,4%, y su resultado neto acumulado cayó un 31%.

Para la CNMV, aunque, en general, las perspectivas para las empresas de servicios de inversión son muy complejas dadas las tensiones en los mercados financieros domésticos y el fuerte deterioro de la industria de inversión colectiva, algunas líneas de negocio como, por ejemplo, el asesoramiento financiero, se han visto menos afectadas. En su opinión, “a corto plazo no se espera una mejoría clara en la evolución de estas entidades, que, además, pueden verse inmersas en un cierto proceso de reorganización como consecuencia del saneamiento y reestructuración del sistema financiero”.

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